14 may. 2011

Compré a Judas




En un viaje largo, por los derrumbes y deslizamientos, muchos y muy distintos Judas se veían en la carretera, los muy sin vergüenzas pedían dinero a los incautos que transitan por las calles. Una y otra vez sin importar la molestia ni la cantidad, cuerdas, mecates o trapos se anteponían a los carros impidiendo su paso, solicitando al conductor una colaboración para darle fin a su tortura.

Una tradición que no se olvida en el pueblo trujillano es “la quema de Judas”, por más que pasen los años y nos llenemos de modismos gringos, cada Domingo de Resurrección  hay por lo menos un Judas en cada comunidad esperando pagar su condena, claro está con la contribución de los transeúntes, quienes participan, más que por gusto por obligación, en este popular rito.

Lo verdaderamente sorprendente no es que se mantenga esta tradición, sino la manera tan descarada en que se mantiene, pues en un trayecto relativamente corto, como es el de Trujillo a Boconó, encontrar más de 15 de estos torturados personajes es algo sobre lo que puede hacerse un escrito, solamente relatando sus diferentes cuerpos y rostros llenaría la página completa de un tabloide.

Desde gorras hasta cachos y en alguno que otro lado la cara de Chávez es lo que te puedes encontrar por las vías, pues ya Judas no es harapiento y menos un judío con mantas largas que lo envuelvan, ahora es todo un personaje, con jeens y camisa ancha, lentes oscuros y gorra volteada, bonachón y sonriente, siempre saludando a quien pasa a toda prisa y sin mirar. 

De verdad algunos inventan todo un personaje, le ponen tanto esmero a su creación que traspasan los límites de la creatividad; sin embargo, como todo en la vida, mientras unos buscan mantener algo positivo hay quienes  para aprovechar la fecha se inventan un judas y los saca a la puerta de su casa para conseguir una entrada extra, pero esto no limita ni destruye la tradición, solo la paciencia de los conductores que son detenidos cada 100 metros.

En cada curva, al dar la vuelta, al subir o bajar se le podía observar, sin importar la ubicación geográfica allí estaba él, vendiéndose al mejor postor, tal y como lo hizo cuando apóstol, solo que a sabiendas de su desdichado final, pues sus recaudos tendrían como destino la construcción de la hoguera que daría solución a su sufrimiento eterno. 





Siguiendo el pasaje bíblico Judas se vende cada año, se vende a cuanto postor encuentra, ya no por entregar al redentor sino su propia vida, haciendo que los viajeros se sientan como miembros del Sanedrín

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14 may. 2011


Compré a Judas




En un viaje largo, por los derrumbes y deslizamientos, muchos y muy distintos Judas se veían en la carretera, los muy sin vergüenzas pedían dinero a los incautos que transitan por las calles. Una y otra vez sin importar la molestia ni la cantidad, cuerdas, mecates o trapos se anteponían a los carros impidiendo su paso, solicitando al conductor una colaboración para darle fin a su tortura.

Una tradición que no se olvida en el pueblo trujillano es “la quema de Judas”, por más que pasen los años y nos llenemos de modismos gringos, cada Domingo de Resurrección  hay por lo menos un Judas en cada comunidad esperando pagar su condena, claro está con la contribución de los transeúntes, quienes participan, más que por gusto por obligación, en este popular rito.

Lo verdaderamente sorprendente no es que se mantenga esta tradición, sino la manera tan descarada en que se mantiene, pues en un trayecto relativamente corto, como es el de Trujillo a Boconó, encontrar más de 15 de estos torturados personajes es algo sobre lo que puede hacerse un escrito, solamente relatando sus diferentes cuerpos y rostros llenaría la página completa de un tabloide.

Desde gorras hasta cachos y en alguno que otro lado la cara de Chávez es lo que te puedes encontrar por las vías, pues ya Judas no es harapiento y menos un judío con mantas largas que lo envuelvan, ahora es todo un personaje, con jeens y camisa ancha, lentes oscuros y gorra volteada, bonachón y sonriente, siempre saludando a quien pasa a toda prisa y sin mirar. 

De verdad algunos inventan todo un personaje, le ponen tanto esmero a su creación que traspasan los límites de la creatividad; sin embargo, como todo en la vida, mientras unos buscan mantener algo positivo hay quienes  para aprovechar la fecha se inventan un judas y los saca a la puerta de su casa para conseguir una entrada extra, pero esto no limita ni destruye la tradición, solo la paciencia de los conductores que son detenidos cada 100 metros.

En cada curva, al dar la vuelta, al subir o bajar se le podía observar, sin importar la ubicación geográfica allí estaba él, vendiéndose al mejor postor, tal y como lo hizo cuando apóstol, solo que a sabiendas de su desdichado final, pues sus recaudos tendrían como destino la construcción de la hoguera que daría solución a su sufrimiento eterno. 





Siguiendo el pasaje bíblico Judas se vende cada año, se vende a cuanto postor encuentra, ya no por entregar al redentor sino su propia vida, haciendo que los viajeros se sientan como miembros del Sanedrín

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