26 de abr. de 2011

Entrevista de personalidad

4 de abr. de 2011

El desarrollo urbano atenta contra el mito del “Encanto”



“Cuando estaba pequeña me mandaron a buscar agua en la quebrada, el bucare que estaba cerca de ahí  comenzó a sonar. Yo escuchaba como un caballo que se sacudía, se echaba y se paraba dentro del palo tan grande. Llené la olla, me la puse en la cabeza y me fui. Le dije a mi abuela lo que había oído y me explicó que ese era el Encanto que era dueño de esa quebrada y cuando siente olor a carne humana se extiende y envuelve a quien esté ahí” según el relato de la señora Felicia Suarez, de 84 años de edad y habitante del pueblo Santiago,  de  Trujillo.


La mudanza del Encanto-Salvador Valero

El mito, como producto de la imaginación ingenua sobre hechos inexplicables y misteriosos ha quedado desfasado, por chocar con las condiciones en que vivimos en esta época moderna. La urbanización y desarrollo de la población amenazan con la desaparición de los mismos, tal es el caso del mito del Encanto en el municipio Trujillo, aseveración que es confirmada por Francisco Crespo, sociólogo y estudioso del tema, al exponer que  “la sociedad rural va perdiendo espacio geográfico debido al proceso urbanístico y gracias a la transculturación, los mitos se van debilitando”. Se deja atrás gran carga cultural, llena de imaginación, pensamientos míticos-religiosos, malicia, alegrías y tristezas e impone la razón  gracias a la modernidad.







El mito “es tan imaginario, tan real, es una concepción del mundo, de la relación del hombre con la naturaleza como fuente de significados a fenómenos que no entienden. Son dos elementos contradictorios: el bien y el mal, la vida y la muerte” acota Laura Prada, antropóloga con tesis doctoral en el “Mito del Encanto en Escuque”. Al respecto, Francisco Crespo agrega que “son las explicaciones de la conformación de los mundos desde una perspectiva no racional, que tiene que ver con la simbología de lo local y nos da un sentido de pertenencia”.  

Una encuesta realizada a habitantes del municipio Trujillo reveló que el 80% de las personas  en edades comprendidas de 20 a 40 años,  no conocen el mito de  los Encantos y
en 40% de personas mayores de 40 años no saben de la existencia del mismo. Se puede concluir que el desconocimiento del mito apunta a su desaparición.

Origen del mito

Nuestros antepasados, como los griegos que tienen muchas divinidades acuáticas, sintieron un gran respeto por las aguas y la naturaleza. Así se  originaron  personajes míticos y misteriosos, dioses semidioses y monstruos, que en su mayoría representaban al sol, la luna, las estrellas, fenómenos naturales, ríos y montañas, aún y cuando varíen los nombres de los mismos según los patrones culturales y creencias de los habitantes de un lugar determinado. Es decir, relatos que se desarrollan en el lenguaje de cada pueblo.

Virgen de la Paz
En Venezuela destacan mitos como: La llorona; El silbón; los Momoyes; el Jinete sin cabeza, La sayona, las Cinco águilas blancas,, María Lionza entre otros, que datan desde antes de la llegada de los conquistadores. Laura Prada, explica que “se desconoce el origen del mito del Encanto, aunque se le puede atribuir a la cultura  indígena, sin negar que la existencia de muchos de estos fenómenos vienen de la biblia”.

En contraposición el presbítero Carlos Cabezas, párroco de la Catedral de Trujillo, expone que “la iglesia no apoya la creencia en los mitos, pero en el caso del mito del Encanto no hay inconvenientes porque son de origen natural y no afecta la religiosidad del pueblo”.


¿Cómo es el Encanto?

Aún y cuando no tienen una representación material definida, la población rural lo describe de diferentes formas: hombre de sombrero grande; mujer bonita que los pierde por sitios paradisiacos; personaje pequeño que ofrece oro; o como un señor que visita a los habitantes alertándolos sobre posibles lluvias.

El mito del Encanto también está relacionado con fenómenos naturales así como con las riquezas de nuestros antepasados y es muy común que en ocasiones lo confundan con los Momoyes debido a que ambos son mitos de agua y guardianes de la naturaleza.

En cuanto a la relación que guarda ese mito con las riquezas de nuestros antepasados, Araujo expresa que “los Encantos son personajes que protegen ciertas cosas y tesoros que han sido enterrados por alguien”, afirmación que corresponde al relato del señor Pedro Jiménez, de 82 años de edad. Quien narra a manera de anécdota, mientras sonríe y come chimo sentado en una de las bancas de la plaza Bolívar del municipio Trujillo, lo vivido por su progenitora. “A mi mamá se la quería llevar un encanto un día que  fue a lavar en una quebrada, le salió un hombre barbudo todo changuso (sic), a ella le dio miedo cuando él le hizo señas con la mano y para engañarla le puso una bandada de oro para que la agarrara y así encantarla. Ella se fue y al poquito de rato se vino una pendeja (sic) creciente y se llevo todo”

El Encanto se desvanece

El mito del Encanto se ha ido desvaneciendo en el municipio Trujillo y según afirma Crespo esto se debe a que  “paulatinamente la gente va viendo con incredulidad el tema y en algún momento se va a perder, debido a la urbanización y el desarrollo intelectual de la población, siendo sustituidos por explicaciones científicas mediante la comprobación”. Afirmación de la que difiere Huma Rosario, Cronista del municipio Trujillo, al dar por sentado que “pase lo que pase la cultura prevalece”.

 Si la falta de interés por parte de los habitantes del municipio Trujillo se acrecienta, quizás lo único que se pueda conservar del mito es la pintura “La Mudanza del Encanto” del artista popular Salvador Valero. La obra representa un campesino sentado sobre baúles llenos de oro, que simbolizan las riquezas de nuestros ancestros. Carmen Araujo, explica que el autor “tuvo la intención, mediante la escritura y pintura, de preservar el sentido y el valor que tienen los mitos y leyendas desde el punto de vista cultural en nuestra sociedad”.

Salvador Valero

Los mitos como fuente de conocimiento sociocultural se han ido desvalorizando a causa del auge de la ciencia, la ilustración, el desarrollo intelectual, la urbanización y los avances tecnológicos, despojándonos de la idiosincrasia e identidad cultural de nuestros ancestros. Es cierto que las sociedades van creando nuevos mitos de origen urbano, pero también es importante rescatar los de origen rural ya que han servido de inspiración al folklore, el teatro, el cine, la literatura y demás artes. Entendiendo que los mismos no se contraponen a la ciencia sino que forman parte importante de nuestra cultura y que con su desaparición perdemos parte de la identidad cultural que nos caracteriza.






(Imágenes de Internet)

Cultura valerana entre improvisación y desidia

Los problemas del ateneo no se solucionan




De estructura deteriorada, sin actividades culturales y abandonado por el colectivo valerano, en el Ateneo ondean banderas roji – negras. La estructura de la casa cultural está tan estropeada como la directiva de la institución. Los mimos, obras de teatro, presentaciones de baile y exposiciones creativas han sido sustituidos por dimes y diretes, agresiones físicas, y denuncias legales.


El 21 de enero del presente año, las banderas de colores rojo y negro se  asomaban en la entrada de lo que hasta ese día y por sesenta años fue la sede de la Asociación Civil sin fines de lucro Ateneo de Valera. El Grupo Tupamaros decidió tomar la principal casa cultural de la ciudad y posteriormente, el  once de febrero, la alcaldía de Valera emitió el Decreto número 28 con el que, entre otras cosas, sustituía el nombre de Ateneo de Valera por el de Casa de los Saberes Josefa Sulbarán. Actualmente, esta institución es dirigida por la Fundación Cultural Bolivariana Ana Enriqueta Terán, inscrita en el Registro Público del Municipio Valera desde hace aproximadamente un mes.

Israel Albarrán, integrante del grupo Tupamaros, cultor, y actual Coordinador de artes escénicas de la Casa de los Saberes Josefa Sulbarán, explica “tomamos  el Ateneo porque hemos recobrado el sentido de pertenencia y de dolencia por nuestras instituciones culturales, queremos rescatar este espacio y brindárselo al pueblo”,



Desde el año 2006 el Ateneo de Valera ha sido el escenario de incesantes conflictos propiciados por diferencias personales entre los miembros de las directivas de la institución. Esos conflictos obstaculizaron la realización de actividades culturales, propiciaron la suspensión en 2007 del financiamiento que recibían del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y llevaron a  los trabajadores de la institución a hacer paro un paro en enero exigiendo el pago puntual del salario.

Implicaciones legales:

El Defensor III Reyes Briseño y el abogado José Arayan argumentan que “no es seria la redacción que se le dio al Decreto Nº 28 porque contiene varias lagunas jurídica. Debe darse un decreto bien estructurado y se puede canalizar por vía judicial a través de un tribunal competente”.

El Decreto 28 establece que: “el Alcalde del Municipio Valera, sustituye el nombre de Ateneo de Valera por “CASA DE LOS SABERES JOSEFA SULBARÁN”. Ante ello, una fuente experta, digna de todo crédito, pero que prefirió no revelar su identidad, alega que “el gobierno no puede apoderarse del Ateneo debido a que la institución cultural actúa como una personalidad jurídica de asociación privada, conforme al artículo 19 Nº 3 del Código Civil de Venezuela y a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), donde el artículo 52  establece el derecho a la asociación. Eso quiere decir que ni los Tupamaros ni el gobierno pueden pasar por encima de la ley desconociendo la autoridad de la Asociación Civil. El cambio del nombre “Casa de los Saberes Josefa Sulbarán” es ilegal porque la institución es de carácter privado, por esa razón nadie puede cambiarle el nombre”.

La Junta Directiva del Ateneo de Valera, electa desde el 2008, está dividida y toma acciones legales de manera descoordinada. Por una parte Gladys García de Mora, presidenta, afirma que denunció el hecho ante la Fiscalía con el propósito de que se invalide el proceso. Mientras que Ramón Briceño Cherubini, Secretario de Finanzas, junto a cuatro miembros de la junta declaró al Diario El Tiempo que se están asesorando con personal jurídico para tomar acciones legales.




Ateneo vs casa de los saberes
La infraestructura de la Casa de los Saberes Josefa Sulbarán,  cuenta con zonas rentales que le permitían al Ateneo autofinanciarse. Entre ellas, el hotel Albergue Turístico – administrado por Frank Medina- y la sede de la Universidad Valle del Momboy, arrendada al rector Francisco Gonzáles. Esas áreas  se rentaron bajo contratos firmados  en el año 2006 mientras la junta directiva estuvo presidida por Marlene Briceño. Los aranceles son de 1.200 Bs. y 1500 Bs, respectivamente y se extienden hasta 2016. Esas  sumas han aumentado a 8.126 Bs. cada contrato, pero no está asentado legalmente, de acuerdo a información suministrada por  Gustavo Méndez, miembro de la Directiva ateneísta.
Esta situación será analizada por los dirigentes de la Casa de Saberes Josefa Sulbarán, quienes han mantenido conversaciones con los arrendatarios para llegar a acuerdos legales bien fundamentados.

Trabajadores sin rumbo

Desde el 2008, fecha en la que toma las riendas la actual directiva, los nueve trabajadores del Ateneo de Valera tienen inconvenientes para recibir el salario correspondiente por laborar para esa institución, sobre la cual pesan varias demandas en la Inspectoría de Trabajo. Desde el mes de diciembre del año pasado no reciben pagos y luchan por recibir seguro social y ser amparados bajo la ley de política habitacional.

Simón Rojas, Director Artístico del Ateneo, sostiene que ahora con la problemática bajo la cual se maneja esta institución los trabajadores parecen quedar en el aire.




Perfiles a futuro
La Casa de los Saberes Josefa Sulbarán funciona bajo una estructura horizontal en la que laboran Manuel Azuaje,  Roberto Cornielles, Jaime Montilla, Jezrael,Rodríguez Miguel Marrero y Alberto…. Ellos mencionan varios proyectos a ejecutar.



Este 6 de abril la Fundación Cultural Bolivariana Ana Enriqueta Terán recibirá en comodato de parte del Instituto de Patrimonio Cultural las instalaciones de la Casa de saberes Josefa Sulbarán, mientras la junta directiva del Ateneo de Valera toma acciones legales, pero  como en otras ocasiones sigue dividida incluso para recuperar los espacios donde funcionaba. No hay articulación alguna en las gestiones que están emprendiendo los directivos de la institución. La presidenta, Gladys de Mora, alega que tampoco está dispuesta a trabajar con los tomistas porque los considera violadores de la ley.

Ante el panorama de incertidumbre e inestabilidad de la máxima casa de cultura valerana lo único que resta hacer es esperar la decisión de la Fiscalía y recobrar el sentido de pertenencia de nuestras instituciones culturales. El arte debe imponerse sobre los conflictos políticos y personales para proyectar y difundir la riqueza cultural valerana.


(Imágenes de Internet)


3 de abr. de 2011

Los verdes de Josefa no saben de sequías

Palabras pronunciadas en la despedida de La pintora de Los Cerrillos


Paula Rivero Ramírez

Verdes aguacate, verdes jojoto, verdes cambur, verdes  de loro, verdes maizales, verdes camburales, verdes cañaverales… verdes cercanos, verdes aflorando después de la sequía.

El verde habla de fertilidad, de alimento, de espacio para que vuelen sobre él los pájaros, para que la vida se despliegue. Josefa Sulbarán tomó a dos manos ese color, se alimentó de él… Tanto verde tenía en su ser que un día, hace medio siglo, en la clandestinidad de su cuarto comenzó, sin tener idea de cómo hacerlo, a colocar los matices que se desbordaban de su ser en una caja de zapatos. Entre las tonalidades colocó su mundo: Los Cerrillos,  la capilla de Santa Rosalía, los niños jugando en el recreo...

Duró algún tiempo pintando en la clandestinidad, pero aquellos verdes con capilla, casas y niños jugando en el recreo eran un tesoro, cuyo brillo era más grande que la humildad de Josefa, y los rayos de ese tesoro sorprendieron al sacerdote, luego a uno y a otro visitante… hasta que en 1967 llegó a los oídos de un crítico de arte (Carlos Contramaestre) el rumor de que en este caserío, había una señora reproduciendo la belleza sobre un cartón.

Entonces el nombre de Josefa Sulbarán comenzó a salir en los periódicos regionales y nacionales, y junto a ese nombre el de Los Cerillos. El resto de la historia es muy conocido. Josefita, sin quererlo, salió del anonimato: Llovían los encargos, las invitaciones a exposiciones en los salones de arte más importantes del país. También vinieron los premios, las condecoraciones. Los críticos la califican como una de las pintoras venezolanas más importantes.

Pero regresemos a 1967. A Josefa le daba pena que la llamaran pintora, pues era un alma sencilla. En Los Cerrillos no salíamos de la sorpresa. Esa pintora, reconocida por la crítica, era Josefita, la hija de María Virginia, la hermana de Apálico,  la tía de Marita, la mamá de Auxiliadora.


Un lavatorio de almas

En Los Cerillos aprendimos a quererla desde niños, porque siempre tenía una sonrisa, porque escuchaba cuando tenía que hacerlo, y  encontraba  las mejores palabras para agradarnos. Nunca dejó de ser una de nosotros, cercana, amiga… Junto con Auxiliadora, hizo de su hogar la casa de todos: Del rico, del pobre, de los cuerdos y los menos cuerdos, de los creyentes y los ateos. 

Veníamos a su casa a lavarnos el alma: Mientras sus manos llenaban de color un lienzo, ella contaba historias a dúo con Auxiliadora, quien muchas veces entonaba canciones entre risas. Esa casa era un lavatorio de almas, pues aquellas mujeres sin saberlo arropaban con su paz hasta a los espíritus más atormentados.

Las personas que venían a conocer a la artista, también encontraban en ella a la mujer, y luego no sabían qué los atraía más si su calidad artística o su sensibilidad humana. Muchos de quienes solo venían a ver o comprar sus obras, terminaron aquí lavándose el espíritu.

Hoy el mundo de arte, y aquellos que sólo pudieron tener acceso a sus pinturas, lamentan el fallecimiento de una artista. Quienes la conocimos como persona lloramos porque ya no nos veremos en su ojos.

Pero ¿Podemos separar su calidad artística de su calidad humana? Definitivamente no. Ella fue una gran pintora, porque fue un gran ser. Pudo captar la fertilidad de los verdes, porque ella era fértil. Pudo plasmar la riqueza cultural de nuestra gente, porque ella tenía riquezas internas.

La tristeza que nos ocasiona su partida no durará mucho… Todos esos cañaverales, bucares, maizales… Toda la alegría que ella volcó sobre sus lienzos… Toda esa belleza visual, y las historias que nos contó a dúo con Auxiliadora serán más fuertes que la nostalgia. Sabemos que su sobrina Marita seguirá con la dulzura aprendida de aquellas nobles mujeres abriéndonos la puerta hacia los tesoros que dejó la pintora.

Celebremos los verdes: Josefita, de la mano de su Auxiliadora, escalarán la cuesta de estos pesares, y nos recordarán que la vida es como las paraduras de niño, las fiestas de San Isidro y las procesiones de Santa Rosalía.
 Los verdes de Josefita no saben de sequías.  


Nota:
Josefa Sulbarán fue sepultada, en el cementerio de Mendoza, el 15 de enero de 2010. La periodista y profesora universitaria, Paula Rivero pronunció estas palabras de despedida.

(Imágenes cortesía de Paula Rivero)

¿Acaso el libro…?

Breve comentario a propósito de  Leer el mundo (2009) de Víctor Bravo

Margot Carrillo

Víctor Bravo, escritor venezolano con una obra de indiscutible valor en el área del ensayo y la crítica literaria, concluye su libro Leer el mundo (2009), con la siguiente interrogante: “¿Es el libro hoy un objeto anacrónico?”. 

No obstante la incertidumbre   a  la que nos pueda conducir la pregunta, que el autor lanza luego de ofrecer una amplia y bien sustentada  revisión a propósito del tema, suerte de síntesis de una historia de la lectura, el libro ofrece a sus lectores interesantes y atractivas  respuestas a propósito de  temas fundamentales que sustentan, cruzan  o rodean al experiencia de la lectura.

En ese breve y denso recorrido que ofrece Leer el mundo  a lo largo del pensamiento y el arte occidentales,  podemos llegar a enterarnos, por ejemplo,  de cómo el hombre ha escogido  distintos medios para expresar o llegar a encontrar el sentido de la vida dentro o fuera de sí mismo: el relato –la voz–,   el libro –la escritura– o el ordenador –la imagen–, terminan por convertirse en instrumentos que a lo largo del tiempo han privilegiado distintos modos de acercarse e interpretar el mundo y la realidad.
En lo que respecta al libro en particular, Víctor Bravo ofrece las coordenadas de los lugares, momentos y sentidos cruciales de su aparición: es así como llegamos a tener una clara visión de su naturaleza moderna; de la significación del surgimiento de ese invento extraordinario de la modernidad, la imprenta, así como de la apertura con la que desde ese momento el saber cuenta para constituirse en conocimiento y expresión esencial de la libertad y la ciudadanía.
En este sentido, la idea del poder del lenguaje para crear “mundos posibles”, situaciones alternas al mundo constatable de lo real, abre  posibilidades inmensas para la escritura y la lectura: de acá que Víctor Bravo apueste en su libro por las distintas opciones que ofrece, entonces, la literatura moderna  y, con ella, la realización de la lectura como  interpretación; acto de desciframiento en el que el silencio que implica leer,  no es más que un delgado velo bajo el que se ocultan una o varias versiones del mundo y la verdad.
Luego de  habernos leído este  libro, interesante y estimulante por demás, parece uno intuir que la lectura requiere de ciertas condiciones: una inmensa disposición para la fina escucha,  un extraordinario ejercicio de la sensibilidad y  una flexibilidad y apertura grandes,  frente a ese rostro imperturbable con el que suelen enmascararse las palabras.
Por éstas y otras razones, no dudamos en recomendar la lectura de éste y los otros libros de Víctor Bravo, en los que el autor nos ha enseñado  gradualmente  a comprender que la lectura no sólo requiere de la vista, sino de todos y cada uno de los otros  sentidos.

BRAVO, Víctor (2009)
Leer el mundo, Madrid:veintisieteletras











(Imágenes de Internet)

Ramón Palomares: un lazo con la tradición

¡Ah Rigor!
No pues no vaya a creer Y cómo no me voy a acordar
¡Tanta noche con luna! ¡Tanta guitarra! Y las ventanas perfumadas
Y vos llena de lirios Y los lirios en un decir
            “¡Amor!”        
Todos los árboles de la plaza Los bancos de la plaza La iglesia
Los caminos
El pozo Albor…
Oíme Oíme
Yo siempre estoy pendiente:
-Dónde estará Qué estará haciendo Se acordará de todo?
¡Ah Rigor!




El gran mérito del poeta  escuqueño es exaltar   lo tradicional y convertirlo en poesía. Ramón Palomares no se limita a rimar el habla popular, las fiestas, las tradiciones, la religión de su pueblo, llega más allá. El genio de la poesía logra transcender de lo regional a lo universal,  usando un lenguaje sencillo y claro del campesino de los Andes venezolanos. A pesar de que su obra es localista,  transciende  fronteras, por su reescritura y re memorización de temas globales como lo son la memoria, muerte, tiempo y naturaleza.

Su poesía se caracteriza por retratar imágenes propias del pueblo, sencillez en la palabra, diáfana, inocente, humilde, estilo intimista, personal, criollismo, honra lo natural y lo nativo. 

Hace un tratamiento del color local, las imágenes, las descripciones exaltan la vida rural venezolana, recuerda sus orígenes y los anhela.

Ramón Palomares publica su primer poemario a la edad de 23 años. El Reino salió a la luz pública en 1958, fecha en que cae el gobierno de Marcos Pérez Jiménez e inicia una etapa democrática en el país. Palomares perteneció al grupo Sardio (1958), los integrantes asumieron un “compromiso activo con la cultura y el país y una actitud contestataria” explica Carmen Carrillo en su libro De la belleza y el furor (2007).

En la poesía venezolana de dicha época se destacan dos tendencias. Como explica la profesora Carmen Carrillo, una dominante, como lo fue la función transgresora. Por otro lado, se originó la tendencia fundacional, que a su vez se divide en dos bloques. El primero se caracteriza por aquellos poetas que se interesaron por las capacidades creadoras del lenguaje, entre ellos, Rafael Cadenas. El segundo bloque, en el que se encuentra Ramón Palomares, trazaron “propuestas estéticas novedosas, mantuvieron fuertes lazos con la tradición y asumieron lo telúrico y lo mítico como eje fundamental de su creación poética” explica Carrillo.  

Entre los libros de poemas de Ramón Palomares podemos encontrar, Paisano, 1964; Honras fúnebres, 1965; Santiago de León de Caracas, 1967; El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas, 1969; Adiós Escuque (Poemas 1968-1974); Elegía 1980; El viento y la piedra, 1984; Mérida, elogio de sus ríos, 1985; Poesía (Antología), 1985; Alegres provincias, 1988; Lobos y halcones, 1997, Vuelta a casa, 2006; entre otros. 

Los temas que toca el poeta Ramón Palomares son recurrentes en todos sus libros. El paisaje, las vivencias y las expresiones culturales de los Andes venezolanos. “Tú tienes que salirte del poema como lenguaje y entrar en el poema como la vida, como visión, como sensación, como aire, como piedra, como roce…”, dice Palomares en una de sus tantas entrevistas. 







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“Creo haber logrado el libro de cuentos más próximo al que siempre quise escribir”

Doce cuentos peregrinos obra del escritor colombiano  Gabriel García Márquez 

 
Así lo explica él mismo. El libro Doce cuentos peregrinos (1992) tardó dieciocho años para salir a la luz pública. Cerca de dos décadas Gabriel García Márquez estuvo viajando de idea en idea, desechando unas, aferrándose a otras. En un cuaderno de escuela de uno de sus hijos, estuvieron 64 ideas para cuentos que se redujeron a doce, inspirados en un sueño que tuvo cuando vivía en Barcelona a principios de la década de los sesenta. 

El sueño revelador del Gabo, así lo conocen mundialmente, mostró la falta que le hacían sus amigos latinoamericanos y quiso contar las aventuras y desventuras que pasa un extranjero en Europa, especialmente los provenientes de América Latina. 

Los amantes de la literatura del escritos colombiano ,  seguro ya habrán leído El rastro de tu sangre en la nieve y El verano feliz de la señora Forbes, del año 1976, que  publicó en suplementos literarios de varios países. El ganador del premio Nobel (1982) nos presenta cuentos inéditos, en los que podemos encontrar La santa, Buen viaje, señor presidente, Me alquilo para soñar, Espantos de agosto, entre otros. En los que reina su estilo único y nos traslada a temas que van desde la comedia hasta la tragedia. 

La santa, título de unos de los 12 cuentos del padre del realismo mágico, relata las desventuras de un hombre colombiano que quiere que su hija muerta sea beatificada.  El desolado hombre  viaja a Roma para que le reconozcan ese derecho, debido que lleva muerta bastante tiempo y no ha sufrido ninguna descomposición. Para demostrarlo viajó con la fallecida  metida en una pequeña urna de madera.
 
El magistral autor colombiano ha escrito innumerables novelas, cuentos, relatos reportajes, obras de teatro y hasta guiones para películas mexicanas.  Cien años de soledad es su obra más aplaudida, se convirtió en una de las novelas  más traducidas y leídas en español.
Los que creen que escribir cuentos es más fácil que una novela, están equivocados. Según García Márquez, “el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una  novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono,  estilo, ritmo, longitud…, lo demás es el  placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse. El cuento, en cambio, no tiene principio  ni fin: fragua o no fragua. Y si no fragua, la experiencia propia y la ajena enseñan que en  la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a  la basura”.




(Imágenes de Internet)

Artistas populares sufren por la inestabilidad económica

El artículo 100 de la Carta Magna no se cumple
Las manos recorren la piedra, la moldean, la vuelven dócil. Una y otra vez las manos se pasean por la roca dominando el duro mineral, haciendo que deje de ser un simple material y se una a la imaginación y al sentir del artista. José Manuel Torrealba, cultor popular trujillano, convierte piedras de río en esculturas que reflejan momentos históricos del país, la pasión de los amantes, y un sin número de efigies que  lo han  hecho acreedor de siete premios de la Bienal de Arte Popular Salvador Valero. Esas manos deben abandonar la escultura que hacen, para dedicarse a sembrar café, porque pese al talento que posee, Torrealba no puede mantenerse gracias a la venta de sus obras artísticas. 

El incumplimiento del artículo 100 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, coadyuva a la inestabilidad económica de los artistas populares trujillanos. Los ingresos de los cultores provienen de actividades no  relacionadas con el arte. Por ejemplo, la pintora Omira Lugo, expresa “no me compran obras de arte todos los días, cuando no tenía dinero y  mis seis hijos estaban pequeños hacía empanadas y arepas para vender” 
Las dificultades económicas de Manuel Torrealba y Omira Lugo se repiten en artistas de la talla de Rafaela Baroni y Nabor Terán, quienes han hecho aportes considerables a la cultura por medio del arte. 

Para la Directora del Museo de Arte Popular Salvador Valero, Doctora Carmen Araujo, el arte popular  es “la capacidad espontánea de hacer las cosas creyendo en lo que se hace sin intereses de complacer a nadie. Tiene valor como un lenguaje universal, histórico, antiquísimo y muy representativo de lo que somos. Por eso hay que preservar todos los valores que el arte popular contiene”


Arte popular en el mundo, en Venezuela y en Trujillo

Para Carmen Araujo “el arte popular es originario, fue primero que todo lo que después ha recibido adjetivos y especificaciones (todas ellas decididas o atribuidas por pretensiones, intereses y objetivos de tipo económico, -generalmente- o como estrategias de poder y control de unos sobre los otros)”.

A nivel mundial, una de las primeras figuras que sobresalen del mundo del arte popular fueron los franceses Henri RousseauSeraphine. En  Venezuela  destacaron Bárbaro Rivas  y Feliciano Carvallo.  En  Trujillo los pioneros fueron Salvador Valero, Josefa Sulbarán, Eloísa Torres y Antonio Fernández  (el Hombre del Anillo).
                                          
Artículo 100 violentado
El artículo 100 de la CRBV no se cumple cabalmente, muestra de ello son las condiciones económicas inestables en las que viven los más importantes artistas populares de Venezuela y del  estado Trujillo.
Rafaela Baroni, cuyo talento para la talla y pintura la han hecho acreedora del Premio Nacional de la Cultura 2005, tiene un ingreso mensual de 1.130 Bs gracias al incentivo que otorgan a artistas que obtienen ese galardón. “No vendo obras todos los días, pero a veces la gente viene a mi casa y me da colaboraciones. Son cosas muy pequeñas pero con eso sobrevivo. También doy  talleres de pintura a niños, aunque no les cobro”. A pesar de sus 75 años, Rafaela Baroni no cuenta con la pensión de vejez que ofrece el IVSS porque no alcanzó las cotizaciones reglamentarias, siempre trabajó por su cuenta.
Nabor Terán, calificado como “el ceramista del ingenio y la protesta”, cuenta con la pensión del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales porque trabajó diecinueve años en el extinto Ministerio de Obras Públicas. Al igual que la artista Omira Lugo, cuenta con la pensión de vejez debido a su labor en una empresa, no por cumplimiento del artículo 100.
Al respecto, el escultor José Manuel Torrealba argumenta “hace poco le comentaba a una de mis cuatro hijas que me estoy poniendo viejito y no tengo pensión. Por eso vivo de la siembra. Quisiera dedicarme a hacer esculturas grandes pero eso me tomaría como un año y no puedo ponerme a eso porque hay que trabajar, tengo que bandearme”. 

Ley vigente y proyecto de ley

La Ley de Cultura data del año 1975 y no está en sintonía con los preceptos de la CRBV. Hay un Proyecto de Ley de Cultura que está en discusión pero no ha sido aprobado. La Comisión de Cultura de la Asamblea Nacional no parece estar interesada en la rápida aprobación de esa legislación, tampoco el gobierno del país y menos todavía los artistas populares y ciudadanía en general, que por desconocimiento, no hacen valer los derechos consagrados en la Constitución.
Artículo 100 ¿espejismo o realidad?

Carmen Araujo expone  que el artículo 100 de la CRBV “comenzó siendo una gran esperanza y terminó siendo un espejismo. El estado venezolano encontró en ese artículo una manera de responder a una obligación con una parte de la población profundamente sensible y necesitada. Fue un sueño para el artista popular. Creo que se han hecho esfuerzos para cumplirlo, como la consolidación de la Casa del Artista como una institución abierta a todos,  la promoción de exposiciones, la incorporación de programas por medio de la red de arte y las galerías, la creación de un Museo Nacional de Arte Popular.  No obstante hay un sinfín de artistas sin casa, enfermos, sin talleres, ni materiales de trabajo, ni lugares para vender sus obras.  

¿Hacia dónde va el arte popular?

A pesar de las duras condiciones económicas en que se han desenvuelto, Rafaela Baroni, Nabor Terán, José Manuel Torrealba y Omira Lugo, han hecho cuantiosos aportes a la cultura trujillana expresándose a través del color, las formas y embelleciendo Trujillo con lo rico del imaginario que ofrece el arte popular. Pero, ¿qué  ocurrirá con las generaciones venideras? Podrían tomar el camino de sus antecesores y vivir  de los ingresos inconstantes que ofrece el mundo artístico venezolano. Si no, podrían perder el interés por el arte y se dedicarían a algo más lucrativo. La vocación artística sería relegada a la categoría de un pasatiempo.








(Imágenes de Viviana Cegarra)

Un lago vital en Maracaibo

          Viviana Cegarra

            Quizás por ese escalofrío que nos recorre a muchos andinos el cuerpo cuando pensamos en Maracaibo o a lo mejor  por pensar en el lago como una mina de lemna; nunca creí encontrar tanta maravilla en La tierra del sol amada, jamás pensé ver algo hermoso en un lugar fuera de mi agrado y menos tanto color en la ciudad del petróleo.

            Un viaje sin más complicación que la pésima noticia de la desaparición de una estimada artista trujillana nos llevó directo al imponente puente “Rafael Urdaneta”, una extraña sensación invadió nuestros cuerpos al ver por las ventanas el azul infinito del lago y la limpieza superficial de las aguas, pues por primera vez en años no veíamos las zonas cubiertas de lenteja de agua.
          
Algunos traspiés nos retrasaron en nuestro comino al Centro de Arte Lia Bermúdez, en el cual nos esperaba un encantador grupo de personas preparadas para hacer de nuestra experiencia la mejor que hayamos tenido.

La presentación se llevó a cabo en el anfiteatro del Lia, un lugar tan espectacular que dejó huella en nuestros recuerdos. Cientos de butacas alineadas hasta donde se pierde la mirada, enormes reflectores apuntando a diferentes direcciones y un escenario tan pulcro que daban ganas de subirse a él.

            Una breve charla nos instruyó sobre el terreno pisado, transportándonos a los años en los que el tranvía recorría las calles de Maracaibo y a los tiempos en que el mercado municipal se desarrollaba allí. 
 
            La exposición iniciaba en una sala de fotografía, repleta de historia y valiosos recuerdos de un Maracaibo industrial, acompañados de manchetas que desdibujaban la vida marabina. 

Luego solo luz y color, vitalidad total, las intensas y azules aguas del lago desbordándose por las paredes del Lia, envolviéndonos en su fauna y su flora, arrastrándonos hasta las orillas arqueológicas y regresándonos a lo más profundo, un lugar puro y sin contaminación. 

Un espacio lleno de vida y espíritu que refleja el incesante deseo por volver a esos días de serenidad y pulcritud, en los que el lago era una divinidad más, no una fuente de minerales negros, un lago lleno de vida, un Lago vital





(Imágenes de Internet)

           

2 de abr. de 2011

Cae la tarde



Cae la tarde
herida de rojonaranja hasta la médula
y caen las hojas con soledad contagiosa
tocan el paisaje y sus heridas
sé que no hay metafísica superior
que la ebriedad del crepúsculo

Hay islas de fuego en el cielo
islas que solo los sonámbulos conocen
desde donde la palabra lanza una red para salvarnos

Y pasan los versos por las manos
-y como pájaros que emigran-
se encienden las lámparas del cielo

El cosmos es un lugar pequeño
donde no cabe ni siquiera un ángel
y la vida una impresión fugaz que nadie escribe

Rafael Cárdenas
 Rafael Cárdenas (1981)

Poeta y escritor,  promotor del libro y la lectura. Miembro del grupo literario naci2alasar. . Ha publicado los poemarios Vivencias (ganador del Certamen Mayor de las Artes y la Letras, capítulo literatura/2006) y Con la ciudad a cuestas (Fondo Editorial Los Ojos de la Lechuza). Poemas suyos aparecen en la Antología del 4to. Festival Mundial de Poesía, en la de Poetas Solidarios, España, 2008, en la de Palabras del Alba en Bosque de Poetas, 2010 y en la revista espantapajaros en España 2011. Fue finalista en el Certamen Internacional de Poesía Erótica El Búho Rojo, España, 2008 y del Certamen de Poesía breve de la Librería Mediática, 2009. Entre 2006 y 2008 fue corrector de la Editorial Arturo Cardozo de Trujillo. 

4 de abr. de 2011

El desarrollo urbano atenta contra el mito del “Encanto”



“Cuando estaba pequeña me mandaron a buscar agua en la quebrada, el bucare que estaba cerca de ahí  comenzó a sonar. Yo escuchaba como un caballo que se sacudía, se echaba y se paraba dentro del palo tan grande. Llené la olla, me la puse en la cabeza y me fui. Le dije a mi abuela lo que había oído y me explicó que ese era el Encanto que era dueño de esa quebrada y cuando siente olor a carne humana se extiende y envuelve a quien esté ahí” según el relato de la señora Felicia Suarez, de 84 años de edad y habitante del pueblo Santiago,  de  Trujillo.


La mudanza del Encanto-Salvador Valero

El mito, como producto de la imaginación ingenua sobre hechos inexplicables y misteriosos ha quedado desfasado, por chocar con las condiciones en que vivimos en esta época moderna. La urbanización y desarrollo de la población amenazan con la desaparición de los mismos, tal es el caso del mito del Encanto en el municipio Trujillo, aseveración que es confirmada por Francisco Crespo, sociólogo y estudioso del tema, al exponer que  “la sociedad rural va perdiendo espacio geográfico debido al proceso urbanístico y gracias a la transculturación, los mitos se van debilitando”. Se deja atrás gran carga cultural, llena de imaginación, pensamientos míticos-religiosos, malicia, alegrías y tristezas e impone la razón  gracias a la modernidad.







El mito “es tan imaginario, tan real, es una concepción del mundo, de la relación del hombre con la naturaleza como fuente de significados a fenómenos que no entienden. Son dos elementos contradictorios: el bien y el mal, la vida y la muerte” acota Laura Prada, antropóloga con tesis doctoral en el “Mito del Encanto en Escuque”. Al respecto, Francisco Crespo agrega que “son las explicaciones de la conformación de los mundos desde una perspectiva no racional, que tiene que ver con la simbología de lo local y nos da un sentido de pertenencia”.  

Una encuesta realizada a habitantes del municipio Trujillo reveló que el 80% de las personas  en edades comprendidas de 20 a 40 años,  no conocen el mito de  los Encantos y
en 40% de personas mayores de 40 años no saben de la existencia del mismo. Se puede concluir que el desconocimiento del mito apunta a su desaparición.

Origen del mito

Nuestros antepasados, como los griegos que tienen muchas divinidades acuáticas, sintieron un gran respeto por las aguas y la naturaleza. Así se  originaron  personajes míticos y misteriosos, dioses semidioses y monstruos, que en su mayoría representaban al sol, la luna, las estrellas, fenómenos naturales, ríos y montañas, aún y cuando varíen los nombres de los mismos según los patrones culturales y creencias de los habitantes de un lugar determinado. Es decir, relatos que se desarrollan en el lenguaje de cada pueblo.

Virgen de la Paz
En Venezuela destacan mitos como: La llorona; El silbón; los Momoyes; el Jinete sin cabeza, La sayona, las Cinco águilas blancas,, María Lionza entre otros, que datan desde antes de la llegada de los conquistadores. Laura Prada, explica que “se desconoce el origen del mito del Encanto, aunque se le puede atribuir a la cultura  indígena, sin negar que la existencia de muchos de estos fenómenos vienen de la biblia”.

En contraposición el presbítero Carlos Cabezas, párroco de la Catedral de Trujillo, expone que “la iglesia no apoya la creencia en los mitos, pero en el caso del mito del Encanto no hay inconvenientes porque son de origen natural y no afecta la religiosidad del pueblo”.


¿Cómo es el Encanto?

Aún y cuando no tienen una representación material definida, la población rural lo describe de diferentes formas: hombre de sombrero grande; mujer bonita que los pierde por sitios paradisiacos; personaje pequeño que ofrece oro; o como un señor que visita a los habitantes alertándolos sobre posibles lluvias.

El mito del Encanto también está relacionado con fenómenos naturales así como con las riquezas de nuestros antepasados y es muy común que en ocasiones lo confundan con los Momoyes debido a que ambos son mitos de agua y guardianes de la naturaleza.

En cuanto a la relación que guarda ese mito con las riquezas de nuestros antepasados, Araujo expresa que “los Encantos son personajes que protegen ciertas cosas y tesoros que han sido enterrados por alguien”, afirmación que corresponde al relato del señor Pedro Jiménez, de 82 años de edad. Quien narra a manera de anécdota, mientras sonríe y come chimo sentado en una de las bancas de la plaza Bolívar del municipio Trujillo, lo vivido por su progenitora. “A mi mamá se la quería llevar un encanto un día que  fue a lavar en una quebrada, le salió un hombre barbudo todo changuso (sic), a ella le dio miedo cuando él le hizo señas con la mano y para engañarla le puso una bandada de oro para que la agarrara y así encantarla. Ella se fue y al poquito de rato se vino una pendeja (sic) creciente y se llevo todo”

El Encanto se desvanece

El mito del Encanto se ha ido desvaneciendo en el municipio Trujillo y según afirma Crespo esto se debe a que  “paulatinamente la gente va viendo con incredulidad el tema y en algún momento se va a perder, debido a la urbanización y el desarrollo intelectual de la población, siendo sustituidos por explicaciones científicas mediante la comprobación”. Afirmación de la que difiere Huma Rosario, Cronista del municipio Trujillo, al dar por sentado que “pase lo que pase la cultura prevalece”.

 Si la falta de interés por parte de los habitantes del municipio Trujillo se acrecienta, quizás lo único que se pueda conservar del mito es la pintura “La Mudanza del Encanto” del artista popular Salvador Valero. La obra representa un campesino sentado sobre baúles llenos de oro, que simbolizan las riquezas de nuestros ancestros. Carmen Araujo, explica que el autor “tuvo la intención, mediante la escritura y pintura, de preservar el sentido y el valor que tienen los mitos y leyendas desde el punto de vista cultural en nuestra sociedad”.

Salvador Valero

Los mitos como fuente de conocimiento sociocultural se han ido desvalorizando a causa del auge de la ciencia, la ilustración, el desarrollo intelectual, la urbanización y los avances tecnológicos, despojándonos de la idiosincrasia e identidad cultural de nuestros ancestros. Es cierto que las sociedades van creando nuevos mitos de origen urbano, pero también es importante rescatar los de origen rural ya que han servido de inspiración al folklore, el teatro, el cine, la literatura y demás artes. Entendiendo que los mismos no se contraponen a la ciencia sino que forman parte importante de nuestra cultura y que con su desaparición perdemos parte de la identidad cultural que nos caracteriza.






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Cultura valerana entre improvisación y desidia

Los problemas del ateneo no se solucionan




De estructura deteriorada, sin actividades culturales y abandonado por el colectivo valerano, en el Ateneo ondean banderas roji – negras. La estructura de la casa cultural está tan estropeada como la directiva de la institución. Los mimos, obras de teatro, presentaciones de baile y exposiciones creativas han sido sustituidos por dimes y diretes, agresiones físicas, y denuncias legales.


El 21 de enero del presente año, las banderas de colores rojo y negro se  asomaban en la entrada de lo que hasta ese día y por sesenta años fue la sede de la Asociación Civil sin fines de lucro Ateneo de Valera. El Grupo Tupamaros decidió tomar la principal casa cultural de la ciudad y posteriormente, el  once de febrero, la alcaldía de Valera emitió el Decreto número 28 con el que, entre otras cosas, sustituía el nombre de Ateneo de Valera por el de Casa de los Saberes Josefa Sulbarán. Actualmente, esta institución es dirigida por la Fundación Cultural Bolivariana Ana Enriqueta Terán, inscrita en el Registro Público del Municipio Valera desde hace aproximadamente un mes.

Israel Albarrán, integrante del grupo Tupamaros, cultor, y actual Coordinador de artes escénicas de la Casa de los Saberes Josefa Sulbarán, explica “tomamos  el Ateneo porque hemos recobrado el sentido de pertenencia y de dolencia por nuestras instituciones culturales, queremos rescatar este espacio y brindárselo al pueblo”,



Desde el año 2006 el Ateneo de Valera ha sido el escenario de incesantes conflictos propiciados por diferencias personales entre los miembros de las directivas de la institución. Esos conflictos obstaculizaron la realización de actividades culturales, propiciaron la suspensión en 2007 del financiamiento que recibían del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y llevaron a  los trabajadores de la institución a hacer paro un paro en enero exigiendo el pago puntual del salario.

Implicaciones legales:

El Defensor III Reyes Briseño y el abogado José Arayan argumentan que “no es seria la redacción que se le dio al Decreto Nº 28 porque contiene varias lagunas jurídica. Debe darse un decreto bien estructurado y se puede canalizar por vía judicial a través de un tribunal competente”.

El Decreto 28 establece que: “el Alcalde del Municipio Valera, sustituye el nombre de Ateneo de Valera por “CASA DE LOS SABERES JOSEFA SULBARÁN”. Ante ello, una fuente experta, digna de todo crédito, pero que prefirió no revelar su identidad, alega que “el gobierno no puede apoderarse del Ateneo debido a que la institución cultural actúa como una personalidad jurídica de asociación privada, conforme al artículo 19 Nº 3 del Código Civil de Venezuela y a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), donde el artículo 52  establece el derecho a la asociación. Eso quiere decir que ni los Tupamaros ni el gobierno pueden pasar por encima de la ley desconociendo la autoridad de la Asociación Civil. El cambio del nombre “Casa de los Saberes Josefa Sulbarán” es ilegal porque la institución es de carácter privado, por esa razón nadie puede cambiarle el nombre”.

La Junta Directiva del Ateneo de Valera, electa desde el 2008, está dividida y toma acciones legales de manera descoordinada. Por una parte Gladys García de Mora, presidenta, afirma que denunció el hecho ante la Fiscalía con el propósito de que se invalide el proceso. Mientras que Ramón Briceño Cherubini, Secretario de Finanzas, junto a cuatro miembros de la junta declaró al Diario El Tiempo que se están asesorando con personal jurídico para tomar acciones legales.




Ateneo vs casa de los saberes
La infraestructura de la Casa de los Saberes Josefa Sulbarán,  cuenta con zonas rentales que le permitían al Ateneo autofinanciarse. Entre ellas, el hotel Albergue Turístico – administrado por Frank Medina- y la sede de la Universidad Valle del Momboy, arrendada al rector Francisco Gonzáles. Esas áreas  se rentaron bajo contratos firmados  en el año 2006 mientras la junta directiva estuvo presidida por Marlene Briceño. Los aranceles son de 1.200 Bs. y 1500 Bs, respectivamente y se extienden hasta 2016. Esas  sumas han aumentado a 8.126 Bs. cada contrato, pero no está asentado legalmente, de acuerdo a información suministrada por  Gustavo Méndez, miembro de la Directiva ateneísta.
Esta situación será analizada por los dirigentes de la Casa de Saberes Josefa Sulbarán, quienes han mantenido conversaciones con los arrendatarios para llegar a acuerdos legales bien fundamentados.

Trabajadores sin rumbo

Desde el 2008, fecha en la que toma las riendas la actual directiva, los nueve trabajadores del Ateneo de Valera tienen inconvenientes para recibir el salario correspondiente por laborar para esa institución, sobre la cual pesan varias demandas en la Inspectoría de Trabajo. Desde el mes de diciembre del año pasado no reciben pagos y luchan por recibir seguro social y ser amparados bajo la ley de política habitacional.

Simón Rojas, Director Artístico del Ateneo, sostiene que ahora con la problemática bajo la cual se maneja esta institución los trabajadores parecen quedar en el aire.




Perfiles a futuro
La Casa de los Saberes Josefa Sulbarán funciona bajo una estructura horizontal en la que laboran Manuel Azuaje,  Roberto Cornielles, Jaime Montilla, Jezrael,Rodríguez Miguel Marrero y Alberto…. Ellos mencionan varios proyectos a ejecutar.



Este 6 de abril la Fundación Cultural Bolivariana Ana Enriqueta Terán recibirá en comodato de parte del Instituto de Patrimonio Cultural las instalaciones de la Casa de saberes Josefa Sulbarán, mientras la junta directiva del Ateneo de Valera toma acciones legales, pero  como en otras ocasiones sigue dividida incluso para recuperar los espacios donde funcionaba. No hay articulación alguna en las gestiones que están emprendiendo los directivos de la institución. La presidenta, Gladys de Mora, alega que tampoco está dispuesta a trabajar con los tomistas porque los considera violadores de la ley.

Ante el panorama de incertidumbre e inestabilidad de la máxima casa de cultura valerana lo único que resta hacer es esperar la decisión de la Fiscalía y recobrar el sentido de pertenencia de nuestras instituciones culturales. El arte debe imponerse sobre los conflictos políticos y personales para proyectar y difundir la riqueza cultural valerana.


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3 de abr. de 2011

Los verdes de Josefa no saben de sequías

Palabras pronunciadas en la despedida de La pintora de Los Cerrillos


Paula Rivero Ramírez

Verdes aguacate, verdes jojoto, verdes cambur, verdes  de loro, verdes maizales, verdes camburales, verdes cañaverales… verdes cercanos, verdes aflorando después de la sequía.

El verde habla de fertilidad, de alimento, de espacio para que vuelen sobre él los pájaros, para que la vida se despliegue. Josefa Sulbarán tomó a dos manos ese color, se alimentó de él… Tanto verde tenía en su ser que un día, hace medio siglo, en la clandestinidad de su cuarto comenzó, sin tener idea de cómo hacerlo, a colocar los matices que se desbordaban de su ser en una caja de zapatos. Entre las tonalidades colocó su mundo: Los Cerrillos,  la capilla de Santa Rosalía, los niños jugando en el recreo...

Duró algún tiempo pintando en la clandestinidad, pero aquellos verdes con capilla, casas y niños jugando en el recreo eran un tesoro, cuyo brillo era más grande que la humildad de Josefa, y los rayos de ese tesoro sorprendieron al sacerdote, luego a uno y a otro visitante… hasta que en 1967 llegó a los oídos de un crítico de arte (Carlos Contramaestre) el rumor de que en este caserío, había una señora reproduciendo la belleza sobre un cartón.

Entonces el nombre de Josefa Sulbarán comenzó a salir en los periódicos regionales y nacionales, y junto a ese nombre el de Los Cerillos. El resto de la historia es muy conocido. Josefita, sin quererlo, salió del anonimato: Llovían los encargos, las invitaciones a exposiciones en los salones de arte más importantes del país. También vinieron los premios, las condecoraciones. Los críticos la califican como una de las pintoras venezolanas más importantes.

Pero regresemos a 1967. A Josefa le daba pena que la llamaran pintora, pues era un alma sencilla. En Los Cerrillos no salíamos de la sorpresa. Esa pintora, reconocida por la crítica, era Josefita, la hija de María Virginia, la hermana de Apálico,  la tía de Marita, la mamá de Auxiliadora.


Un lavatorio de almas

En Los Cerillos aprendimos a quererla desde niños, porque siempre tenía una sonrisa, porque escuchaba cuando tenía que hacerlo, y  encontraba  las mejores palabras para agradarnos. Nunca dejó de ser una de nosotros, cercana, amiga… Junto con Auxiliadora, hizo de su hogar la casa de todos: Del rico, del pobre, de los cuerdos y los menos cuerdos, de los creyentes y los ateos. 

Veníamos a su casa a lavarnos el alma: Mientras sus manos llenaban de color un lienzo, ella contaba historias a dúo con Auxiliadora, quien muchas veces entonaba canciones entre risas. Esa casa era un lavatorio de almas, pues aquellas mujeres sin saberlo arropaban con su paz hasta a los espíritus más atormentados.

Las personas que venían a conocer a la artista, también encontraban en ella a la mujer, y luego no sabían qué los atraía más si su calidad artística o su sensibilidad humana. Muchos de quienes solo venían a ver o comprar sus obras, terminaron aquí lavándose el espíritu.

Hoy el mundo de arte, y aquellos que sólo pudieron tener acceso a sus pinturas, lamentan el fallecimiento de una artista. Quienes la conocimos como persona lloramos porque ya no nos veremos en su ojos.

Pero ¿Podemos separar su calidad artística de su calidad humana? Definitivamente no. Ella fue una gran pintora, porque fue un gran ser. Pudo captar la fertilidad de los verdes, porque ella era fértil. Pudo plasmar la riqueza cultural de nuestra gente, porque ella tenía riquezas internas.

La tristeza que nos ocasiona su partida no durará mucho… Todos esos cañaverales, bucares, maizales… Toda la alegría que ella volcó sobre sus lienzos… Toda esa belleza visual, y las historias que nos contó a dúo con Auxiliadora serán más fuertes que la nostalgia. Sabemos que su sobrina Marita seguirá con la dulzura aprendida de aquellas nobles mujeres abriéndonos la puerta hacia los tesoros que dejó la pintora.

Celebremos los verdes: Josefita, de la mano de su Auxiliadora, escalarán la cuesta de estos pesares, y nos recordarán que la vida es como las paraduras de niño, las fiestas de San Isidro y las procesiones de Santa Rosalía.
 Los verdes de Josefita no saben de sequías.  


Nota:
Josefa Sulbarán fue sepultada, en el cementerio de Mendoza, el 15 de enero de 2010. La periodista y profesora universitaria, Paula Rivero pronunció estas palabras de despedida.

(Imágenes cortesía de Paula Rivero)

¿Acaso el libro…?

Breve comentario a propósito de  Leer el mundo (2009) de Víctor Bravo

Margot Carrillo

Víctor Bravo, escritor venezolano con una obra de indiscutible valor en el área del ensayo y la crítica literaria, concluye su libro Leer el mundo (2009), con la siguiente interrogante: “¿Es el libro hoy un objeto anacrónico?”. 

No obstante la incertidumbre   a  la que nos pueda conducir la pregunta, que el autor lanza luego de ofrecer una amplia y bien sustentada  revisión a propósito del tema, suerte de síntesis de una historia de la lectura, el libro ofrece a sus lectores interesantes y atractivas  respuestas a propósito de  temas fundamentales que sustentan, cruzan  o rodean al experiencia de la lectura.

En ese breve y denso recorrido que ofrece Leer el mundo  a lo largo del pensamiento y el arte occidentales,  podemos llegar a enterarnos, por ejemplo,  de cómo el hombre ha escogido  distintos medios para expresar o llegar a encontrar el sentido de la vida dentro o fuera de sí mismo: el relato –la voz–,   el libro –la escritura– o el ordenador –la imagen–, terminan por convertirse en instrumentos que a lo largo del tiempo han privilegiado distintos modos de acercarse e interpretar el mundo y la realidad.
En lo que respecta al libro en particular, Víctor Bravo ofrece las coordenadas de los lugares, momentos y sentidos cruciales de su aparición: es así como llegamos a tener una clara visión de su naturaleza moderna; de la significación del surgimiento de ese invento extraordinario de la modernidad, la imprenta, así como de la apertura con la que desde ese momento el saber cuenta para constituirse en conocimiento y expresión esencial de la libertad y la ciudadanía.
En este sentido, la idea del poder del lenguaje para crear “mundos posibles”, situaciones alternas al mundo constatable de lo real, abre  posibilidades inmensas para la escritura y la lectura: de acá que Víctor Bravo apueste en su libro por las distintas opciones que ofrece, entonces, la literatura moderna  y, con ella, la realización de la lectura como  interpretación; acto de desciframiento en el que el silencio que implica leer,  no es más que un delgado velo bajo el que se ocultan una o varias versiones del mundo y la verdad.
Luego de  habernos leído este  libro, interesante y estimulante por demás, parece uno intuir que la lectura requiere de ciertas condiciones: una inmensa disposición para la fina escucha,  un extraordinario ejercicio de la sensibilidad y  una flexibilidad y apertura grandes,  frente a ese rostro imperturbable con el que suelen enmascararse las palabras.
Por éstas y otras razones, no dudamos en recomendar la lectura de éste y los otros libros de Víctor Bravo, en los que el autor nos ha enseñado  gradualmente  a comprender que la lectura no sólo requiere de la vista, sino de todos y cada uno de los otros  sentidos.

BRAVO, Víctor (2009)
Leer el mundo, Madrid:veintisieteletras











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Ramón Palomares: un lazo con la tradición

¡Ah Rigor!
No pues no vaya a creer Y cómo no me voy a acordar
¡Tanta noche con luna! ¡Tanta guitarra! Y las ventanas perfumadas
Y vos llena de lirios Y los lirios en un decir
            “¡Amor!”        
Todos los árboles de la plaza Los bancos de la plaza La iglesia
Los caminos
El pozo Albor…
Oíme Oíme
Yo siempre estoy pendiente:
-Dónde estará Qué estará haciendo Se acordará de todo?
¡Ah Rigor!




El gran mérito del poeta  escuqueño es exaltar   lo tradicional y convertirlo en poesía. Ramón Palomares no se limita a rimar el habla popular, las fiestas, las tradiciones, la religión de su pueblo, llega más allá. El genio de la poesía logra transcender de lo regional a lo universal,  usando un lenguaje sencillo y claro del campesino de los Andes venezolanos. A pesar de que su obra es localista,  transciende  fronteras, por su reescritura y re memorización de temas globales como lo son la memoria, muerte, tiempo y naturaleza.

Su poesía se caracteriza por retratar imágenes propias del pueblo, sencillez en la palabra, diáfana, inocente, humilde, estilo intimista, personal, criollismo, honra lo natural y lo nativo. 

Hace un tratamiento del color local, las imágenes, las descripciones exaltan la vida rural venezolana, recuerda sus orígenes y los anhela.

Ramón Palomares publica su primer poemario a la edad de 23 años. El Reino salió a la luz pública en 1958, fecha en que cae el gobierno de Marcos Pérez Jiménez e inicia una etapa democrática en el país. Palomares perteneció al grupo Sardio (1958), los integrantes asumieron un “compromiso activo con la cultura y el país y una actitud contestataria” explica Carmen Carrillo en su libro De la belleza y el furor (2007).

En la poesía venezolana de dicha época se destacan dos tendencias. Como explica la profesora Carmen Carrillo, una dominante, como lo fue la función transgresora. Por otro lado, se originó la tendencia fundacional, que a su vez se divide en dos bloques. El primero se caracteriza por aquellos poetas que se interesaron por las capacidades creadoras del lenguaje, entre ellos, Rafael Cadenas. El segundo bloque, en el que se encuentra Ramón Palomares, trazaron “propuestas estéticas novedosas, mantuvieron fuertes lazos con la tradición y asumieron lo telúrico y lo mítico como eje fundamental de su creación poética” explica Carrillo.  

Entre los libros de poemas de Ramón Palomares podemos encontrar, Paisano, 1964; Honras fúnebres, 1965; Santiago de León de Caracas, 1967; El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas, 1969; Adiós Escuque (Poemas 1968-1974); Elegía 1980; El viento y la piedra, 1984; Mérida, elogio de sus ríos, 1985; Poesía (Antología), 1985; Alegres provincias, 1988; Lobos y halcones, 1997, Vuelta a casa, 2006; entre otros. 

Los temas que toca el poeta Ramón Palomares son recurrentes en todos sus libros. El paisaje, las vivencias y las expresiones culturales de los Andes venezolanos. “Tú tienes que salirte del poema como lenguaje y entrar en el poema como la vida, como visión, como sensación, como aire, como piedra, como roce…”, dice Palomares en una de sus tantas entrevistas. 







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“Creo haber logrado el libro de cuentos más próximo al que siempre quise escribir”

Doce cuentos peregrinos obra del escritor colombiano  Gabriel García Márquez 

 
Así lo explica él mismo. El libro Doce cuentos peregrinos (1992) tardó dieciocho años para salir a la luz pública. Cerca de dos décadas Gabriel García Márquez estuvo viajando de idea en idea, desechando unas, aferrándose a otras. En un cuaderno de escuela de uno de sus hijos, estuvieron 64 ideas para cuentos que se redujeron a doce, inspirados en un sueño que tuvo cuando vivía en Barcelona a principios de la década de los sesenta. 

El sueño revelador del Gabo, así lo conocen mundialmente, mostró la falta que le hacían sus amigos latinoamericanos y quiso contar las aventuras y desventuras que pasa un extranjero en Europa, especialmente los provenientes de América Latina. 

Los amantes de la literatura del escritos colombiano ,  seguro ya habrán leído El rastro de tu sangre en la nieve y El verano feliz de la señora Forbes, del año 1976, que  publicó en suplementos literarios de varios países. El ganador del premio Nobel (1982) nos presenta cuentos inéditos, en los que podemos encontrar La santa, Buen viaje, señor presidente, Me alquilo para soñar, Espantos de agosto, entre otros. En los que reina su estilo único y nos traslada a temas que van desde la comedia hasta la tragedia. 

La santa, título de unos de los 12 cuentos del padre del realismo mágico, relata las desventuras de un hombre colombiano que quiere que su hija muerta sea beatificada.  El desolado hombre  viaja a Roma para que le reconozcan ese derecho, debido que lleva muerta bastante tiempo y no ha sufrido ninguna descomposición. Para demostrarlo viajó con la fallecida  metida en una pequeña urna de madera.
 
El magistral autor colombiano ha escrito innumerables novelas, cuentos, relatos reportajes, obras de teatro y hasta guiones para películas mexicanas.  Cien años de soledad es su obra más aplaudida, se convirtió en una de las novelas  más traducidas y leídas en español.
Los que creen que escribir cuentos es más fácil que una novela, están equivocados. Según García Márquez, “el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una  novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono,  estilo, ritmo, longitud…, lo demás es el  placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse. El cuento, en cambio, no tiene principio  ni fin: fragua o no fragua. Y si no fragua, la experiencia propia y la ajena enseñan que en  la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a  la basura”.




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Artistas populares sufren por la inestabilidad económica

El artículo 100 de la Carta Magna no se cumple
Las manos recorren la piedra, la moldean, la vuelven dócil. Una y otra vez las manos se pasean por la roca dominando el duro mineral, haciendo que deje de ser un simple material y se una a la imaginación y al sentir del artista. José Manuel Torrealba, cultor popular trujillano, convierte piedras de río en esculturas que reflejan momentos históricos del país, la pasión de los amantes, y un sin número de efigies que  lo han  hecho acreedor de siete premios de la Bienal de Arte Popular Salvador Valero. Esas manos deben abandonar la escultura que hacen, para dedicarse a sembrar café, porque pese al talento que posee, Torrealba no puede mantenerse gracias a la venta de sus obras artísticas. 

El incumplimiento del artículo 100 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, coadyuva a la inestabilidad económica de los artistas populares trujillanos. Los ingresos de los cultores provienen de actividades no  relacionadas con el arte. Por ejemplo, la pintora Omira Lugo, expresa “no me compran obras de arte todos los días, cuando no tenía dinero y  mis seis hijos estaban pequeños hacía empanadas y arepas para vender” 
Las dificultades económicas de Manuel Torrealba y Omira Lugo se repiten en artistas de la talla de Rafaela Baroni y Nabor Terán, quienes han hecho aportes considerables a la cultura por medio del arte. 

Para la Directora del Museo de Arte Popular Salvador Valero, Doctora Carmen Araujo, el arte popular  es “la capacidad espontánea de hacer las cosas creyendo en lo que se hace sin intereses de complacer a nadie. Tiene valor como un lenguaje universal, histórico, antiquísimo y muy representativo de lo que somos. Por eso hay que preservar todos los valores que el arte popular contiene”


Arte popular en el mundo, en Venezuela y en Trujillo

Para Carmen Araujo “el arte popular es originario, fue primero que todo lo que después ha recibido adjetivos y especificaciones (todas ellas decididas o atribuidas por pretensiones, intereses y objetivos de tipo económico, -generalmente- o como estrategias de poder y control de unos sobre los otros)”.

A nivel mundial, una de las primeras figuras que sobresalen del mundo del arte popular fueron los franceses Henri RousseauSeraphine. En  Venezuela  destacaron Bárbaro Rivas  y Feliciano Carvallo.  En  Trujillo los pioneros fueron Salvador Valero, Josefa Sulbarán, Eloísa Torres y Antonio Fernández  (el Hombre del Anillo).
                                          
Artículo 100 violentado
El artículo 100 de la CRBV no se cumple cabalmente, muestra de ello son las condiciones económicas inestables en las que viven los más importantes artistas populares de Venezuela y del  estado Trujillo.
Rafaela Baroni, cuyo talento para la talla y pintura la han hecho acreedora del Premio Nacional de la Cultura 2005, tiene un ingreso mensual de 1.130 Bs gracias al incentivo que otorgan a artistas que obtienen ese galardón. “No vendo obras todos los días, pero a veces la gente viene a mi casa y me da colaboraciones. Son cosas muy pequeñas pero con eso sobrevivo. También doy  talleres de pintura a niños, aunque no les cobro”. A pesar de sus 75 años, Rafaela Baroni no cuenta con la pensión de vejez que ofrece el IVSS porque no alcanzó las cotizaciones reglamentarias, siempre trabajó por su cuenta.
Nabor Terán, calificado como “el ceramista del ingenio y la protesta”, cuenta con la pensión del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales porque trabajó diecinueve años en el extinto Ministerio de Obras Públicas. Al igual que la artista Omira Lugo, cuenta con la pensión de vejez debido a su labor en una empresa, no por cumplimiento del artículo 100.
Al respecto, el escultor José Manuel Torrealba argumenta “hace poco le comentaba a una de mis cuatro hijas que me estoy poniendo viejito y no tengo pensión. Por eso vivo de la siembra. Quisiera dedicarme a hacer esculturas grandes pero eso me tomaría como un año y no puedo ponerme a eso porque hay que trabajar, tengo que bandearme”. 

Ley vigente y proyecto de ley

La Ley de Cultura data del año 1975 y no está en sintonía con los preceptos de la CRBV. Hay un Proyecto de Ley de Cultura que está en discusión pero no ha sido aprobado. La Comisión de Cultura de la Asamblea Nacional no parece estar interesada en la rápida aprobación de esa legislación, tampoco el gobierno del país y menos todavía los artistas populares y ciudadanía en general, que por desconocimiento, no hacen valer los derechos consagrados en la Constitución.
Artículo 100 ¿espejismo o realidad?

Carmen Araujo expone  que el artículo 100 de la CRBV “comenzó siendo una gran esperanza y terminó siendo un espejismo. El estado venezolano encontró en ese artículo una manera de responder a una obligación con una parte de la población profundamente sensible y necesitada. Fue un sueño para el artista popular. Creo que se han hecho esfuerzos para cumplirlo, como la consolidación de la Casa del Artista como una institución abierta a todos,  la promoción de exposiciones, la incorporación de programas por medio de la red de arte y las galerías, la creación de un Museo Nacional de Arte Popular.  No obstante hay un sinfín de artistas sin casa, enfermos, sin talleres, ni materiales de trabajo, ni lugares para vender sus obras.  

¿Hacia dónde va el arte popular?

A pesar de las duras condiciones económicas en que se han desenvuelto, Rafaela Baroni, Nabor Terán, José Manuel Torrealba y Omira Lugo, han hecho cuantiosos aportes a la cultura trujillana expresándose a través del color, las formas y embelleciendo Trujillo con lo rico del imaginario que ofrece el arte popular. Pero, ¿qué  ocurrirá con las generaciones venideras? Podrían tomar el camino de sus antecesores y vivir  de los ingresos inconstantes que ofrece el mundo artístico venezolano. Si no, podrían perder el interés por el arte y se dedicarían a algo más lucrativo. La vocación artística sería relegada a la categoría de un pasatiempo.








(Imágenes de Viviana Cegarra)

Un lago vital en Maracaibo

          Viviana Cegarra

            Quizás por ese escalofrío que nos recorre a muchos andinos el cuerpo cuando pensamos en Maracaibo o a lo mejor  por pensar en el lago como una mina de lemna; nunca creí encontrar tanta maravilla en La tierra del sol amada, jamás pensé ver algo hermoso en un lugar fuera de mi agrado y menos tanto color en la ciudad del petróleo.

            Un viaje sin más complicación que la pésima noticia de la desaparición de una estimada artista trujillana nos llevó directo al imponente puente “Rafael Urdaneta”, una extraña sensación invadió nuestros cuerpos al ver por las ventanas el azul infinito del lago y la limpieza superficial de las aguas, pues por primera vez en años no veíamos las zonas cubiertas de lenteja de agua.
          
Algunos traspiés nos retrasaron en nuestro comino al Centro de Arte Lia Bermúdez, en el cual nos esperaba un encantador grupo de personas preparadas para hacer de nuestra experiencia la mejor que hayamos tenido.

La presentación se llevó a cabo en el anfiteatro del Lia, un lugar tan espectacular que dejó huella en nuestros recuerdos. Cientos de butacas alineadas hasta donde se pierde la mirada, enormes reflectores apuntando a diferentes direcciones y un escenario tan pulcro que daban ganas de subirse a él.

            Una breve charla nos instruyó sobre el terreno pisado, transportándonos a los años en los que el tranvía recorría las calles de Maracaibo y a los tiempos en que el mercado municipal se desarrollaba allí. 
 
            La exposición iniciaba en una sala de fotografía, repleta de historia y valiosos recuerdos de un Maracaibo industrial, acompañados de manchetas que desdibujaban la vida marabina. 

Luego solo luz y color, vitalidad total, las intensas y azules aguas del lago desbordándose por las paredes del Lia, envolviéndonos en su fauna y su flora, arrastrándonos hasta las orillas arqueológicas y regresándonos a lo más profundo, un lugar puro y sin contaminación. 

Un espacio lleno de vida y espíritu que refleja el incesante deseo por volver a esos días de serenidad y pulcritud, en los que el lago era una divinidad más, no una fuente de minerales negros, un lago lleno de vida, un Lago vital





(Imágenes de Internet)

           

2 de abr. de 2011

Cae la tarde



Cae la tarde
herida de rojonaranja hasta la médula
y caen las hojas con soledad contagiosa
tocan el paisaje y sus heridas
sé que no hay metafísica superior
que la ebriedad del crepúsculo

Hay islas de fuego en el cielo
islas que solo los sonámbulos conocen
desde donde la palabra lanza una red para salvarnos

Y pasan los versos por las manos
-y como pájaros que emigran-
se encienden las lámparas del cielo

El cosmos es un lugar pequeño
donde no cabe ni siquiera un ángel
y la vida una impresión fugaz que nadie escribe

Rafael Cárdenas
 Rafael Cárdenas (1981)

Poeta y escritor,  promotor del libro y la lectura. Miembro del grupo literario naci2alasar. . Ha publicado los poemarios Vivencias (ganador del Certamen Mayor de las Artes y la Letras, capítulo literatura/2006) y Con la ciudad a cuestas (Fondo Editorial Los Ojos de la Lechuza). Poemas suyos aparecen en la Antología del 4to. Festival Mundial de Poesía, en la de Poetas Solidarios, España, 2008, en la de Palabras del Alba en Bosque de Poetas, 2010 y en la revista espantapajaros en España 2011. Fue finalista en el Certamen Internacional de Poesía Erótica El Búho Rojo, España, 2008 y del Certamen de Poesía breve de la Librería Mediática, 2009. Entre 2006 y 2008 fue corrector de la Editorial Arturo Cardozo de Trujillo. 

 
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